Yo siempre quise casarme. Aún hoy tengo una especie de pavor a quedarme totalmente solo en este mundo ingrato. No sé por qué me preocupa tanto esta posibilidad debido a que soy más bien un tipo introvertido que disfruta mucho leyendo, que supuestamente no se lleva del todo mal con la soledad. Sin embargo, tiemblo ante la posibilidad de que no exista alguien a mi lado cuando me despierte todas las mañanas. Alguien a quién poderle contar lo que siento, lo que pienso o hasta poder aburrirla comentándole alguno de los argumentos que he descubierto en las novelas.lunes, 9 de marzo de 2009
Alguien quiere casarse
Yo siempre quise casarme. Aún hoy tengo una especie de pavor a quedarme totalmente solo en este mundo ingrato. No sé por qué me preocupa tanto esta posibilidad debido a que soy más bien un tipo introvertido que disfruta mucho leyendo, que supuestamente no se lleva del todo mal con la soledad. Sin embargo, tiemblo ante la posibilidad de que no exista alguien a mi lado cuando me despierte todas las mañanas. Alguien a quién poderle contar lo que siento, lo que pienso o hasta poder aburrirla comentándole alguno de los argumentos que he descubierto en las novelas.sábado, 7 de marzo de 2009
El desastre soy yo

Hace unos días terminé de leer una novela con la que no pensé encariñarme tanto como lo hice. Se trata de "La vida exagerada de Martín Romaña" de Bryce Echenique. En ella se narra la historia de un muchacho que viaja a París en busca del sueño artístico de la época. Pero más allá de la búsqueda de aquel sueño, que es el de ser algún día un escritor, se narra la historia de amor entre ese muchacho, Martín, y su amada Inés. Soy un romántico incurable, lo sé. Recordé las veces en las que creí haber hallado a la persona adecuada para lo que yo era. Recuerdo haberme enamorado de cuanta chica linda asomaba a mi grupo de amigos. Cada una de las que me gustaba iba quedando obsoleta apenas aparecía una un poco más alta o de ojos más llamativos. De cuantas ineses me enamoré. Es decir, de chicas que al fin y al cabo no hubieran sufrido el soportar a un tipo tan como yo soy. Soy un Martín Romaña, sí, un gran desastre para muchas cosas, por no decir que casi casito para todas. Un gran desastre que la mayoría de mujeres no están dispuestas a sufrir. Ha pasado el tiempo y ya no soy más aquel chiquilín enamoradizo. Se han perdido las variantes y al final del túnel parace vislumbrarse, por fín, sin Ineses rondando por allí, el amor.
